Jovenes practicando el 69

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De todos los movimientos del Kamasutra, el 69 es el que mejor se lo ha montado. Ha contado siempre con buenos asesores de imagen, ha sabido potenciar al máximo sus virtudes y esconder sus defectos y se ha recubierto de un halo de erotismo, voluptuosidad y hasta misticismo, del que carecen otras posturas. Entre tanta excelencia y expectativas, no es extraño que la reputación que le precede sea casi siempre mayor que la realidad y así cuando alguno de los miembros de la pareja, en plena faena, sugiere ¿hacemos el 69?, muchos contestan: mejor pasamos directamente al 70.

Aunque esta practica es tan antigua como el mundo, el nacimiento de su nombre está vinculado a los años 60 cuando el escritor surrealista francés, Raymon Quereau, desveló la siguiente ecuación: “uno más uno es 69: dos personas entrelazadas una sobre la otra, específicamente sobre su sexo”. Pero como sponsor lo mejor fue cuando Serge Gainsbourg, el autor de la canción Je t’aime moi non plus junto a Jane Birkin, coreaba en sus conciertos la consigna: “el 69, año erótico”. En medio de aquella época reivindicativa, de amor libre y quema de sostenes, la postura encajó perfectamente con la liberación de la mujer y la igualdad de sexos, al ser una de las más democráticas ya que ambos miembros de la pareja dan y reciben al mismo tiempo y pueden situarse arriba o abajo, indistintamente.

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