Cuando voy de visita a la casa de mi colega, siempre me siento un poco nervioso. La puerta se abre y aparece su sonrisa cálida, invitándome a entrar en su espacio. El aroma de café y lavanda me envuelve, creando un ambiente acogedor. Mientras me dirijo a la cocina, mi mirada se cruza con la suya y sentimos un momento de conexión eléctrica. En ese instante, sé que la noche promete ser emocionante.



