Recuerdo la noche en que vi al chapero más guapo que había cruzado mi camino. Con apenas 24 centímetros de largo, su cuerpo esbelto y firme parecía hechizo. Lo había visto antes en un club gay, pero esa noche estaba de pie en el pasillo, exponiendo su belleza con confianza y seguridad. Su mirada me encontró y sonrió, y en ese instante, supe que era el hombre con quien quería pasar la noche.



