La noche es cálida y los ojos se encuentran en el bar. Él, un tipo musculoso con un bigote oscuro y un culito que parece hecho para ser abrazado, se ríe con la piña de una amiga. Su sonrisa es contagiosa, pero no es la razón por la que mi atención se queda atrapada. Es la forma en que se balancea en la silla, el movimiento sensual de sus caderas que me hace sentir una erección instantánea. Me acerco a él, con una sonrisa en mi rostro, y le digo: «Ese culo peludo pide polla agritos». Su risa se detiene y se vuelve hacia mí, con una mirada que me dice que sabe exactamente lo que quiero



