La noche había caído sobre la ciudad, cubierta por una niebla densa que parecía espesar el aire. Yo estaba en la cocina, rodeado de botellas vacías y vasos sucios, sintiendo la tensión que me crecía dentro. Había bebido demasiado, y ahora mi cuerpo parecía pedir más, más, más. Mi boca se abría y cerraba sin cesar, buscando algo que nunca podría encontrar. La leche espesa chupa me corría por la garganta, un líquido húmedo y cálido que parecía unirme a la noche, a la oscuridad, a la pasión que me quemaba por dentro. Me miraba al espejo y veía a un hombre sin control, sin mied



