La primera vez que lo hice, estaba en la cama de mi mejor amiga, a oscuras, con su novio entre mis piernas. Sentía su calor, su olor, su jadeo. Él me miraba con ojos ansiosos, como si buscara algo más que el placer. Yo le besaba el pecho, sintiendo cada latido de su corazón. Luego, la primera entrada, suave, exploratoria. Él se relajó, abrió más, y yo encontré el ritmo. Su amigo, mi amiga, dormía profundamente a nuestro lado, sin sospechar nada. La sensación de estar arriesgando todo en ese instante fue intensa, pero mi conexión con él era más fuerte.



