La mirada de él me atrapó en la discoteca, su sonrisa sensual y su mirada furtiva. Me acerqué, atrapado por la intensidad de su deseo. En la oscuridad del baño, nuestras bocas se encontraron en un beso apasionado. Mis manos recorrieron su cuerpo, deslizándome hacia su entrepierna. Él se aferró a mi cintura, su respiración acelerada. Me abrió la bragueta, y su mano cerró alrededor de mi pene, un gemido de placer escapó de sus labios. Quería que lo usara, que me utilizara para su placer. Y yo, atrapado en su deseo, no podía negarme.



