Recuerdo la noche que mi compañero de piso se puso cachondo. Estaba viendo un video de hombres desnudos en su teléfono y no podía dejar de mirar. Su mirada se volvió intensa y se acercó a la pantalla, como si quisiera sentir la piel de los actores. De repente, se levantó y se dirigió hacia su habitación, dejando un rastro de excitación en el aire. Sabía que no era un momento para interrumpir, así que me quedé en mi habitación, disfrutando del silencio y la emoción que se filtraba a través de la puerta cerrada.



