Mi padre y yo nos quedamos a solas en casa, el ambiente era tenso después de una discusión. Decidimos despejar la tensión y nos miramos a los ojos, el silencio se rompió cuando él se acercó y empezó a acariciarme, su mano se deslizó por mi pierna hasta llegar a mis genitales, mientras sus dedos me hacían sentir un placer intenso, él me miró con un brillo en los ojos que me decía que no estaba solo en ese momento.



