Recuerdo el calor de su aliento en mi piel, la sensación de su lengua en mi boca. Mi primo se acercó, su mano encontró el camino hacia mi ropa interior, y todo se desvaneció en un momento. La realidad se redujo a su tacto, a la forma en que su cuerpo se ajustaba al mío. Fue como si el mundo se hubiera detenido para dejar que esa conexión sucediera.



