Me siento atraído por su confianza en sí mismo, por la seguridad que emana de su sonrisa. Recuerdo el día que me miró y dijo, «Querido amigo, que buen rabo tienes». Fue como si me hubiera desnudado ante él, sin necesidad de hacerlo. Su comentario me puso de los nervios, me hizo sentir vulnerable y sexy a la vez. Me recordó que, en este mundo de hombres, a veces basta con una mirada, una palabra o un comentario para desatar un mundo de emociones y sensaciones.



