La habitación estaba llena del calor de la noche, el aroma a baño de jazmín y el sonido suave de la música electrónica. Me miré a él, a mi hermano, y sentí un escalofrío en la espalda. Sus ojos se encontraron con los míos y sonrió, una sonrisa que me hizo sentir seguro y amado. Me acerqué a él, sentí su calor, su piel suave bajo mis dedos. Nos besamos, un beso profundo, intenso, lleno de amor y deseo. Somos hermanos, pero en ese momento, solo éramos dos hombres que se querían, que se amaban sin condición. Y en ese momento, nada más importaba.



