Me desperté con la sensación de que alguien más estaba en la habitación. La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas, iluminando el cuerpo de mi compañero de piso, que yacía a mi lado. Suspiré, sintiendo el calor de su piel a través de la ropa de cama. Me incliné hacia él, rozando mis labios con su cabello. «Buenos días», susurré, mientras él se movía en sueños. Me gustaba despertar con él, sentir su presencia en mi vida.



