Recuerdo la noche que nos conocimos en el bar, él con su sonrisa pícara y yo con mi mirada perdida en la bartendresse. Su culo era una promesa, un secreto que anhelaba ser desvelado. Su forma, su contorno, era una invitación a explorar. Y cuando nuestras miradas se encontraron, supe que no solo su culo quería diodo, también su pene estaba listo para conectarse con el mío. La electricidad en el aire era palpable, y sin necesidad de palabras, sabíamos que la noche iba a ser intensa.



