


La mirada que cruzamos en la calle es suficiente para saber que hay algo entre nosotros. Su torso moreno y musculoso contrasta con mis ojos que se fijan en su entrepierna. La ropa ajustada no puede disimular la forma de su erección, una invitación a explorar más a fondo. Un gemido contenido se escape de mis labios mientras imagino lo que podría pasar en un lugar más íntimo, con las luces bajas y el calor de la noche. La seducción es un juego de miradas y silencios, y en este momento, estoy perdiendo.



