Esa mirada te deja sin aliento, un mensaje escueto pero inequívoco: «Hoy cobrarás el mes entero, dalo por hecho». Su voz ronca, casi un susurro, te envuelve en una sensación de anticipación. Los dedos que acaban de deslizarse por tu muslo dejan una huella de calor que late en armonía con el latido de tu corazón. La habitación se vuelve un espacio íntimo, compartido solo entre tú y la expectativa de lo que está por venir.



