Recuerdo la primera vez que lo vi, el hombre moreno con el cuerpo atlético y la mirada intensa. Era como si su presencia en el baño público lo hubiera convertido en el centro de atención. Su ropa interior ajustada destacaba su anatomía imponente, pero fue su polla venosa lo que realmente llamó mi atención. Era un espectáculo, un arte en sí mismo, y mi cuerpo respondió de inmediato. Me sentí atraído por su confianza y su naturalidad, por la forma en que se movía sin dudar. La energía que emanaba de él era palpable y me hizo sentir vivo.



