Era un fin de semana sin compromisos, así que decidí invitar a un amigo a casa. Él llegó con un look impecable, su ropa ajustada resaltaba su torso musculoso y su culo firme. Me fijé en su ropa interior negra, la super polla visible a través de la tela me hizo cosquillas en la entrepierna. Se acercó y me dio un beso en la mejilla, su aliento caliente me hizo sentir un escalofrío. Mientras hablábamos, su mano rozó la mía, un toque leve pero intenso. Su mirada me decía que sabía lo que quería. Me miré a los ojos y asentí. La noche prometía ser caliente.



