Recuerdo la noche que lo conocí en una discoteca de Madrid. La música pulsaba fuerte, la multitud bailaba en masa, y la atmósfera era eléctrica. Yo estaba en el medio de la pista, sintiendo el calor del cuerpo a cuerpo, cuando nuestros ojos se encontraron en el baño. La conexión fue instantánea, un destello de atractivo y curiosidad. Comenzamos a hablar, nuestras voces susurrantes en medio del ruido, compartiendo historias y risas. Fue como si hubiera encontrado un amigo, pero con un toque adicional. Con cada mirada, cada toque, sentí que estaba a punto de descubrir algo especial. La n



