Me quedé con la boca abierta cuando me dijo que hiciéramos un 69. La habitación se quedó en silencio, solo el sonido de nuestra respiración rompiendo el momento. Me miró con un deseo intenso, sus ojos brillando en la oscuridad. Me levanté de la cama y me acerqué a él, mi cuerpo entero temblando de anticipación. Se inclinó hacia mí, sus labios rozando los míos, y entonces lo supe: éramos dos hombres, unidos en este acto de amor y deseo.



