La pregunta que siempre abre camino. «Me la chupas?» se pregunta el tipo con una sonrisa traviesa mientras se acerca a mí en la oscuridad del bar. Su voz es un susurro que me envuelve, un llamado a la aventura que no puedo resistir. Los ojos se cruzan, un destello de atracción que no necesita palabras. La respuesta es un asentimiento, una simple inclinación de la cabeza que desencadena la tormenta. Y sin más, todo se convierte en un juego de sensaciones, un baile de cuerpos y bocas que se unen en una pasión desbordada.




