Recuerdo la noche en que me llevé a un hotel a un hombre guapo. La habitación estaba oscura, solo iluminada por la débil luz de la ciudad a través de la ventana. Me quité la ropa y lo miré con deseo, su cuerpo se veía perfecto. Me acerqué a él y lo besé, sentí su lengua en mi boca. Lo agarré de la cintura y lo fui hacia la cama. Él se quitó los calzoncillos y se arrodilló delante de mí. Me miró a los ojos y se acercó a mí, sentí su aliento cálido en mi piel. Me corrió dentro en un momento, su cuerpo se estremeció de placer.



