La mirada de mi pareja se clavó en mi miembro erecto, y sin necesidad de palabras, supe que estaba a punto de pasar algo increíble. Con más de 26 centímetros de largo, mi pene parecía un dedo grueso y peludo que llamaba la atención. La excitación en el aire era palpable, y cada respiración de mi pareja solo hacía que mi deseo creciera. Su mano se deslizó por mi pecho, bajó por mi estómago y se cerró alrededor de mi erección, envolviéndola con una presión suave pero firme. Mi cuerpo respondió con un gemido, y su sonrisa me hizo saber que estaba a punto de disfrutar de un placer



