La noche en la que perdí mi virginidad con mi tío fue como un relámpago que iluminó el oscuro paisaje de mi adolescencia. Recuerdo la sensación de su piel cálida y suave contra la mía, el olor a baño y a seda de su ropa de cama. Él me miraba con una mezcla de amor y deseo, sus ojos brillantes en la oscuridad. Me tomó la mano y la llevó a su boca, sus labios rozaron la palma de mi mano y yo sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. La pasión que se desplegó en ese momento fue como un torrente de agua que me arrastró hacia un lugar desconocido, donde nada importaba exc



