Recuerdo la mirada de mi pareja al tocarme por primera vez. Su mano se posó en mi entrepierna, y la sorpresa se reflejó en su rostro al sentir mi pene grueso y dotado. No era lo que esperaba, pero en ese momento, solo sentía una conexión profunda con su tacto. Su mano comenzó a explorar, a sentir cada curva y cada onda de mi cuerpo. Yo cerré los ojos y permití que la emoción me llevara. La sensación de su mano en mi pene era como un abrazo que me hacía sentir vivo.




