La mirada intensa de mi instructor en el gimnasio me dejó sin aliento. Su forma atlética y musculosa me atraía de manera irresistible. Mientras nos preparábamos para nuestro entrenamiento, su mano rozó la mía, y sentí un escalofrío recorrer mi espalda. En el momento en que nos pusimos en posición para realizar el ejercicio de sentadillas, su mano se deslizó hacia mi culo, y sin duda, sentí su erección a través de sus pantalones. Mi instructor se inclinó hacia mí y susurró algo al oído, «¿Quieres que te ayude a bajar el peso, un poco más de fuerza?» Mientras lo decía, su ded



