Recuerdo la noche en que todo cambió, cuando un simple juego de «ficha» se convirtió en algo más profundo. Él, con su sonrisa traviesa, me retó a una partida de «qué harías si…». La pregunta era sencilla: «¿te acuestas con alguien de la noche a la mañana?» La respuesta, obvia, era un «no» rotundo. Pero él insistió, con un brillo en los ojos que no pude ignorar. Y yo, como un idiota, acepté el reto. Ahora, años después, recuerdo la forma en que su mano rozó la mía, y la sensación que me recorrió el cuerpo. Todo empezó como un juego, pero terminó siendo algo mucho más aut?



