La cocina se convirtió en un campo de batalla, donde los deseos se desataron sin restricciones. Carlos se acercó a mí, sus ojos brillando con una intensidad que me dejó sin aliento. Con una sonrisa sensual, me pidió que me quedara quieto, mientras él se acercaba a mí. Sus dedos exploraron mi cuerpo, antes de llevarme a la cocina, donde la pasión nos esperaba. En un momento de arrebato, se arrodilló frente a mí, y su lengua comenzó a jugar con mi carne, haciéndome sentir como nunca antes. La comida se olvidó, y todo se redujo a un instante de intimidad, donde solo existíamos Carlo



