Me acuesto con mi jefe el pollón, su cuerpo fuerte y firme se acerca a mí, su mirada intensa me hace sentir vivo. La noche es cálida y oscura, solo nos acompañan el ruido de la ciudad y el latido de nuestros corazones. Él se desliza sobre mí, su piel suave y suave, su respiración caliente en mi oído. Nuestros cuerpos se unen en un abrazo apretado, un beso profundo y salvaje nos hace perder la conciencia del mundo exterior. En ese momento, solo hay él y yo, sumergidos en un placer que nos consume por completo.



