La mirada de mi amigo se clavó en mí mientras susurraba: «Quiero comer polla». La noche anterior, en el bar gay, había descubierto un nuevo restaurante que ofrecía un menú de sexo seguro y placentero. Había oído hablar de las deliciosas pollas bien marinadas, y ahora estaba ansioso por probarlas. Con una sonrisa traviesa, me preguntó si quería acompañarlo en esta aventura culinaria. Le dije que sí, listo para explorar estos nuevos sabores y disfrutar de una noche llena de pasión y diversión.



