La fiesta de cumpleaños de mi padre había sido un éxito, pero la verdadera celebración comenzó cuando su anciano amigo, conocido por su audacia, se acercó a mí y mi novio. Con una sonrisa astuta, se dirigió hacia nosotros y, sin perder tiempo, se agachó para mostrarnos su entusiasmo. Dos pollas grandes y enérgicas, bien mantenidas, esperaban ser descubiertas. Mientras mi novio y yo nos mirábamos, asombrados, él tomó el control y comenzó a explorar el espacio entre sus muslos. El anciano cerró los ojos y permitió que su amigo lo disfrutara. La tensión en el aire era palpable mi


