Recuerdo el día que me presenté en la puerta, con el corazón acelerado, mientras él se acercaba en su moto. Su sonrisa y su mirada me dejaron sin aliento. En la sauna, había sido su cuerpo perfecto, su piel cálida y su boca anhelante. Ahora, en mi casa, sentí su peso sobre mí, su calor, su olor a hierbas y aceites. Su lengua exploraba mi piel, deslizándose suavemente por mis costillas. Yo estaba listo para recibirla, para ser poseído por su pasión. La noche prometía ser intensa y liberadora.



