Me acuesto con el padre de mi mejor amigo, su cuerpo entrelazado con el mío en una noche de luna llena. Su pecho, un refugio de seguridad, su respiración, un susurro en mi oreja. La primera vez fue un impulso, un momento de debilidad, pero con el tiempo se convirtió en una necesidad, un anhelo que no podía ignorar. Su boca, un abismo de pasión, su piel, un fuego que me consume. En sus brazos, me siento vivo, me siento libre.



