Ufffff que calorrrrrr» era el susurro de mi pareja mientras nuestras piernas se tocaban bajo la mesa del bar. La humedad del verano se mezclaba con la electricidad del deseo que nos recorría el cuerpo. Sus ojos se encontraban con los míos, y en ese momento, el calor se convirtió en un fuego que nos envolvía a ambos. Un beso breve, pero intenso, y ya estábamos de pie, sin necesidad de decir nada, dejando que el calor del verano y el calor de nuestro deseo nos llevaran a donde quisiéramos.




